Ayer mientras paseaba asistí a un espectáculo publico, gratuito y fugaz: la migración de unas 50 grullas. Su paso escandaloso, limpio, lleno de acrobacias y coordinación me alegro el día. Pensar simplemente en su orientación y solidaridad (se iban turnando a la cabeza de la formacion) me hizo sentir pequeña y humilde.
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